Cáceres, José Antonio
Nació en Zarza de Granadilla (Cáceres) en 1941. Estudió el bachillerato en Plasencia y Salamanca. En Madrid realizó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras, licenciándose en Lenguas Románicas. Enseñó español en la Universidad de London Derry (Irlanda del Norte) y en la Universidad de Pisa (Italia). Tras su vuelta a España, enseñó italiano en la Universidad de Cáceres.
Su vocación como pintor y poeta, comenzó hacia los 15 años, alternando ambas aficiones desde entonces, aunque poco a poco se fue decantando más hacia la poesía. Durante sus estudios en Madrid, fue cofundador del grupo de Poesía Esperimental N. O. Interviniendo en numerosas esposiciones y publicaciones de España, Italia, Alemania, EE.UU. y Latinoamérica. Entre otras formó parte de la antología internacional de Mary Ellen Solt, publicada en EE. UU. En Italia publicó su libro de poesía experimental "Corriente Alterna". Posteriormente volvió a la poesía discursiva. Tiene diversos libros inéditos de poesía discursiva y experimental, narraciones, etc.
Su libro "espejismos" fue becado por la Junta de Extremadura con la Beca a la creación Literaria del 2001. Ha publicado El rostro ante el espejo: antología poética (2003) y Libro de Horas (2005).
"Los poemas que en los sucesivos números de esta revista irán apareciendo pertenecen a la serie de libros que llamo “de madurez”, no porque considere que son poemas de una persona madura (¿maduramos algún día en realidad?), sino que para distinguirlos de los libros anteriores, que recogen mi poesía de juventud y, yendo hacia atrás en el tiempo, la de adolescencia.
Es mi intención seguir ese orden hacia los orígenes de mi historia poética. Excluyo, por obvias razones, los libros que aparecen en mi antología poética “El rostro ante el espejo” de reciente publicación; con la excepción del primero, pues de él solo aparecía un poema. La serie, pues, comienza en este libro".
Selección del libro:
El rumor y el misterio
(1986-1987)
El espacio y el tiempo
se dilatan
y anulan,
y de nuevo comienza
La danza infinita.
* * * * *
Contemplo el insecto
de negro caparazón
y, por un instante,
siento un éxtasis extraño.
Intento percibir
lo que él percibe
y aprender de sus lecciones.
Como capta
con las antenas el espacio.
Qué ve en su mundo,
que yo no veo;
qué planos de realidad habita;
cuál es su misión
en el pavoroso universo.
Del animal nos distingue
la visión del espacio
y el cómputo del tiempo,
la historia, los enseres,
aspiraciones insensatas:
volar más allá de las nubes,
sin fronteras, habitantes
de espacios infinitos.
Más, en la tierra,
sonamos
el mismo diapasón.
Como el sol se va
por el oeste,
Señor te fuiste
y la oscuridad se hizo.
La muerte, los recuerdos.
Serpiente que deja su camisa,
el dolor es vacío.
Esto me diste;
aquel
ya no es el mismo.
* * * * *
La noche es noche y siempre noche,
profunda y punzante como un laúd.
Las estrellas giran, desaparecen;
nadie sabe dónde, por qué.
Como si todo huyera
de la angustia infinita.
Como si la angustia fuera angustia
y solo angustia.
Como si el silencio y los ecos
del silencio fueran
más allá del silencio.
* * * * *
La luna llena
aparece ingrávida, naranja,
sobre techos y colinas.
Me invade la tristeza
de vivir
en esta tierra oscura,
cuando el esplendor
es la forma del todo.
Qué estrellas melancólicas
allá lejos,
fuera de mi alcance
Qué viento furioso
azota
mi esperanza.
* * * * *
Concentrar
en un poema
toda la esencia.
Cerrar las puertas
de la apariencia,
para ver
lo que es en sí mismo.
* * * * *
El infinito es esta espera
en que nada sucede:
largo despertar
sin sueño.
Todo está en reposo
y al acecho; todo palpita
y todo está muerto. Los cerros
azules –paquidermos geológicos-
duermen al sol agazapados.
El infinito es esta angustia,
cuando suenan las horas
pasadas. Cuando quieres
irte y estás
anclado en lo visible.
* * * * *
Verano.
El sueño en el diván.
Todo está en siesta;
bordonean las moscas.
En el cielo infinito
flotan nubes blancas.
Otoño.
Fulgura la ladera
de hojas rojas y amarillas.
Todo está en sus susurros,
parlanchina sustancia.
El arroyo murmura
su quietud transparente.
Invierno.
Densas nieblas canas,
rachas de viento y lluvia,
recuerdos de infancia.
Mi corazón se contrae;
se depura nostalgia.
Primavera.
Renazco de las sombras
y las frías cenizas.
Todo ya florece
como la gracia que espero.
La intensidad es dulce
y te deja engalanado.
Qué recuerdos, los chopos!
Me llama el infinito.
* * * * *
He trascendido las noches,
los diluvios.
Ya no escucho
las sirenas del ayer.
Estoy a este lado
de la corriente ilusoria
y veo la repetición
incesante de gestos.
Habito en las grandes
soledades del páramo,
en los espejismos de la vida.
* * * * *
Agoté el mosto, hasta embriagarme,
de las formas hermosas del mundo.
Ahora ya me hastía
tanto rumor y engaño.
Vivo en las nieves,
como las flores y las águilas
que, en la altura, organizan
su mundo sobre praderas heladas,
detrás de la apariencia.
* * * * *
Las águilas vuelan tan altas
que me hundo en su vértigo,
contemplando
las extensas llanuras
y los montes,
el mar en que se funde
la materia magmática
de los volcanes.
* * * * *
Vuelve el carnaval:
esta máscara es el indicio
de la locura.
Toda la vida es
teatro y pantomima.
Al alzarse el telón
nadie sabe su parte.
Se improvisa y se sigue
por ver si con el tiempo
logramos informarnos.
Mas hasta el fin nadie sabe
el papel que interpreta.
Danza de la muerte en que reyes,
papas y bufones
desfilan buscando autor.
Otros hablaron de estas
inclemencias. Pero la farsa sigue
y nadie se da por enterado.
Hasta que la vida
nos arrastra en su vértigo.
* * * * *
Sobre los montes distantes
la lluvia cae como un manto
que borra el arabesco.
Me oprimen las sandalias
de tanto caminar.
No puedo salir de los espejos
de la vida sin romperme.
Mas la luna, entre las nubes
mitiga mi nostalgia.
SAENZ DE MIERA, Luis FernandoGARCIA ARROYO, Julio (dibujos)






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