jueves 8 de noviembre de 2007

HOJAS DE CREACIÓN


Cáceres, José Antonio

Nació en Zarza de Granadilla (Cáceres) en 1941. Estudió el bachillerato en Plasencia y Salamanca. En Madrid realizó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras, licenciándose en Lenguas Románicas. Enseñó español en la Universidad de London Derry (Irlanda del Norte) y en la Universidad de Pisa (Italia). Tras su vuelta a España, enseñó italiano en la Universidad de Cáceres.

Su vocación como pintor y poeta, comenzó hacia los 15 años, alternando ambas aficiones desde entonces, aunque poco a poco se fue decantando más hacia la poesía. Durante sus estudios en Madrid, fue cofundador del grupo de Poesía Esperimental N. O. Interviniendo en numerosas esposiciones y publicaciones de España, Italia, Alemania, EE.UU. y Latinoamérica. Entre otras formó parte de la antología internacional de Mary Ellen Solt, publicada en EE. UU. En Italia publicó su libro de poesía experimental "Corriente Alterna". Posteriormente volvió a la poesía discursiva. Tiene diversos libros inéditos de poesía discursiva y experimental, narraciones, etc.

Su libro "espejismos" fue becado por la Junta de Extremadura con la Beca a la creación Literaria del 2001. Ha publicado El rostro ante el espejo: antología poética (2003) y Libro de Horas (2005).

"Los poemas que en los sucesivos números de esta revista irán apareciendo pertenecen a la serie de libros que llamo “de madurez”, no porque considere que son poemas de una persona madura (¿maduramos algún día en realidad?), sino que para distinguirlos de los libros anteriores, que recogen mi poesía de juventud y, yendo hacia atrás en el tiempo, la de adolescencia.

Es mi intención seguir ese orden hacia los orígenes de mi historia poética. Excluyo, por obvias razones, los libros que aparecen en mi antología poética “El rostro ante el espejo” de reciente publicación; con la excepción del primero, pues de él solo aparecía un poema. La serie, pues, comienza en este libro".

Selección del libro:

El rumor y el misterio

(1986-1987)

El espacio y el tiempo

se dilatan

y anulan,

y de nuevo comienza

La danza infinita.

* * * * *

Contemplo el insecto

de negro caparazón

y, por un instante,

siento un éxtasis extraño.

Intento percibir

lo que él percibe

y aprender de sus lecciones.

Como capta

con las antenas el espacio.

Qué ve en su mundo,

que yo no veo;

qué planos de realidad habita;

cuál es su misión

en el pavoroso universo.

Del animal nos distingue

la visión del espacio

y el cómputo del tiempo,

la historia, los enseres,

aspiraciones insensatas:

volar más allá de las nubes,

sin fronteras, habitantes

de espacios infinitos.

Más, en la tierra,

sonamos

el mismo diapasón.

Como el sol se va

por el oeste,

Señor te fuiste

y la oscuridad se hizo.

La muerte, los recuerdos.

Serpiente que deja su camisa,

el dolor es vacío.

Esto me diste;

aquel

ya no es el mismo.

* * * * *

La noche es noche y siempre noche,

profunda y punzante como un laúd.

Las estrellas giran, desaparecen;

nadie sabe dónde, por qué.

Como si todo huyera

de la angustia infinita.

Como si la angustia fuera angustia

y solo angustia.

Como si el silencio y los ecos

del silencio fueran

más allá del silencio.

* * * * *

La luna llena

aparece ingrávida, naranja,

sobre techos y colinas.

Me invade la tristeza

de vivir

en esta tierra oscura,

cuando el esplendor

es la forma del todo.

Qué estrellas melancólicas

allá lejos,

fuera de mi alcance

Qué viento furioso

azota

mi esperanza.

* * * * *

Concentrar

en un poema

toda la esencia.

Cerrar las puertas

de la apariencia,

para ver

lo que es en sí mismo.

* * * * *

El infinito es esta espera

en que nada sucede:

largo despertar

sin sueño.

Todo está en reposo

y al acecho; todo palpita

y todo está muerto. Los cerros

azules –paquidermos geológicos-

duermen al sol agazapados.

El infinito es esta angustia,

cuando suenan las horas

pasadas. Cuando quieres

irte y estás

anclado en lo visible.

* * * * *

Verano.

El sueño en el diván.

Todo está en siesta;

bordonean las moscas.

En el cielo infinito

flotan nubes blancas.

Otoño.

Fulgura la ladera

de hojas rojas y amarillas.

Todo está en sus susurros,

parlanchina sustancia.

El arroyo murmura

su quietud transparente.

Invierno.

Densas nieblas canas,

rachas de viento y lluvia,

recuerdos de infancia.

Mi corazón se contrae;

se depura nostalgia.

Primavera.

Renazco de las sombras

y las frías cenizas.

Todo ya florece

como la gracia que espero.

La intensidad es dulce

y te deja engalanado.

Qué recuerdos, los chopos!

Me llama el infinito.

* * * * *

He trascendido las noches,

los diluvios.

Ya no escucho

las sirenas del ayer.

Estoy a este lado

de la corriente ilusoria

y veo la repetición

incesante de gestos.

Habito en las grandes

soledades del páramo,

en los espejismos de la vida.

* * * * *

Agoté el mosto, hasta embriagarme,

de las formas hermosas del mundo.

Ahora ya me hastía

tanto rumor y engaño.

Vivo en las nieves,

como las flores y las águilas

que, en la altura, organizan

su mundo sobre praderas heladas,

detrás de la apariencia.

* * * * *

Las águilas vuelan tan altas

que me hundo en su vértigo,

contemplando

las extensas llanuras

y los montes,

el mar en que se funde

la materia magmática

de los volcanes.

* * * * *

Vuelve el carnaval:

esta máscara es el indicio

de la locura.

Toda la vida es

teatro y pantomima.

Al alzarse el telón

nadie sabe su parte.

Se improvisa y se sigue

por ver si con el tiempo

logramos informarnos.

Mas hasta el fin nadie sabe

el papel que interpreta.

Danza de la muerte en que reyes,

papas y bufones

desfilan buscando autor.

Otros hablaron de estas

inclemencias. Pero la farsa sigue

y nadie se da por enterado.

Hasta que la vida

nos arrastra en su vértigo.

* * * * *

Sobre los montes distantes

la lluvia cae como un manto

que borra el arabesco.

Me oprimen las sandalias

de tanto caminar.

No puedo salir de los espejos

de la vida sin romperme.

Mas la luna, entre las nubes

mitiga mi nostalgia.

SAENZ DE MIERA, Luis Fernando
GARCIA ARROYO, Julio (dibujos)